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UN POCO DE LA HISTORIA DE DORA

En 1956, con 14 años y viviendo en París junto a su madre, la inquieta Dora le escribe cartas a la joven Lieselotte Schmitz (Lotte) para aprender el idioma alemán y hacer amistad. Tres años después, mientras Lotte le cuenta que entró a trabajar en Berlín Document Center, Dora le anuncia que su tío León le regaló un viaje a donde ella quisiera y que el destino elegido es la capital alemana. Una vez en Berlín, en casa de Lotte, Dora también es contratada como archivista.


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El contraste entre la juventud e inocencia de Dora y la Europa corrupta y agotada por los conflictos políticos a consecuencia de la reconstrucción del horror provocado por el nacionalsocialismo y sus seguidores (sumado a las tensiones mundiales de la Guerra Fría, y los procesos de descolonización en África y Asia) conforma una plataforma de lectura imposible de eludir al momento de comprender el mundo en el que se mueve la niña creada por Minaverry.


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En un principio Dora observa los procesos políticos y sociales a su alrededor desde una mirada edénica: quiere aprender. Luego, y a medida que pasan por sus dedos las fichas con los datos y testimonios de las atrocidades cometidas por los nazis, su objetivo es descubrir. Su mirada se endurece y en ese proceso de maduración Dora toma posición en el tablero ideológico de la época que le tocó vivir: descubre la crueldad del mundo mientras el mundo se lava su rostro lleno de cenizas de hombres e ideas muertas. Todo es nuevo para Dora: el pasado y su propia historia, y los libros y revistas de los pensadores que pasan por sus manos y por las de sus compañeros: Frantz Fanon, Camus o el mismísimo Sartre.


Uno de los tantos aciertos de Minaverry es no haberse quedado en la superficie de los hechos políticos y llevar a su personaje al terreno de los verdaderos cambios sociales. Cualquier lector de Dora advierte rápidamente que las fuentes de información que maneja el dibujante no son los manuales históricos ni las wikipedias infernales, sino los diarios y revistas de la época que proporcionan al lector y al personaje Dora, detalle de vida sociales que le dan aires a la historia. Son tantos los matices de análisis que ofrece Dora que, por su complejidad, recuerdan en importancia a Alack Sinner. Desde la aparición de aquel detective de Muñoz y Sampayo la historieta argentina no tenía un personaje tan fuerte, complejo y rico de análisis como Dora Bardavid.



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Después del cierre del archivo, Dora regresa a Francia, donde pasará a formar parte de una troupe de amigos en un barrio obrero como Bobigny. Dora sale del encierro, del pasado y del análisis, y comienza a palpar la realidad, el presente se le viene a los ojos. Los movimientos de liberación, el comunismo, y la libertad en las relaciones. Deja de ver la historia para vivirla. Y de esa manera Dora se convierte en una testigo del nuevo paradigma que pugna en aquellos años: el rol político de la mujer en las decisiones de Estado y su hartazgo a las ataduras de los modelos morales. Dora vive la revolución del mundo al ritmo de sus hormonas.

Minaverry explica por qué decidió que su personaje viviera en la década del ’60: “Elegí esa época por razones de preferencia estética. Me gusta la evolución de estilos que hay en toda la década, porque se habla de ‘los ’60’ pensando más en el ’67, ’68, pero los primeros ’60 eran muy distintos en absolutamente todo. Pero también por ser la época en que fue el rapto de Eichmann. La historia de Dora iba a basarse en eso al principio. Con el tiempo se amplió el foco a la cuestión judicial. En realidad, los años ’60 fueron un momento complicado para la búsqueda y enjuiciamiento de nazis prófugos, porque una década antes todo el mundo se quiso olvidar del nazismo y el quiebre recién se empezó a dar a fines de la década siguiente. Hubo mucha impunidad en aquellos años, lo que también le da un aire de frustración a la búsqueda de los personajes, pero también hubo momentos de justicia. Quiero que eso quede reflejado en la historieta y, también, complejizar los estereotipos, tanto los que existen en la representación de esta época como los que hay en la representación del nazismo en la posguerra: el clásico mito de Hitler escapándose en submarino y fundando el Cuarto Reich en la Patagonia o en la selva Amazónica”.


FUENTE: LAUTARO ORTIZ/PAGINA 12


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